MANUEL QUINTÍN LAME. Líder indígena caucano (El
Borbollón, Hacienda La Polindara, cercanías de Popayán, octubre 26 de 1880
Ortega, Tolima, octubre 7 de 1967). Manuel Quintín o juan Quintín Lame, como
aparece en su partida de bautismo del 12 de diciembre de 1880, de la parroquia
de San Miguel Arcángel de Puracé, fue un indio que asumió la defensa de su
gente, en una sociedad en la cual la palabra indio ha sido insultante. Su
padre, Mariano Lame, descendiente de indígenas del pueblo paez, y su madre
Dolores Chantre, cuyos ancestros estaban radicados en la región desde tiempo
inmemorial, vivían con sus seis hijos en un pequeño fundo que ocupaban en
calidad de terrazgueros en la Hacienda La Polindara mediante la terrazguería,
práctica común en el Cauca, el indígena adquiría la obligación de pagar con
días de trabajo no remunerado, el derecho a sembrar una parcela en tierras que
se consideraban propiedad de una hacienda. En ese fundo o "encierro",
Manuel Quintín, como se hizo conocer él mismo, al igual que sus dos hermanos (y
que muchos otros niños campesinos de Colombia), fue testigo de las
"heroicas" acciones de los guerreros republicanos. Durante la guerra
civil de 1885, luego de que las tropas gubernamentales derrotaron al ejército
rebelde en Silvia (Cauca), llegaron a la casa de los Lame tres hombres armados
que violaron a Licenia, su hermana muda. Ella murió cinco años después, cuando
Manuel Quintín empezó a ayudar a sus hermanos mayores en las faenas agrícolas.
Fue precisamente desde su velorio, cuando Lame empezó a frecuentar el rancho de
Leonardo Chantre, su tío materno, quien viejo, solo y cojo, acostumbraba a leer
periódicos viejos durante sus descansos. A él y a sus hermanos, el anciano les
narraba historias de duendes, de brujas, las cosas que sucedían en Popayán y
les leía fragmentos de las noticias que aparecían en sus periódicos. La lectura
atrajo el interés de Lame, quien solicitó a su padre lo matriculara en la
escuela. Como respuesta, su progenitor le puso al frente un hacha, una hoz, una
pala y un güinche y le dijo que esa era la verdadera escuela del indio. El
muchacho optó por esforzarse y aprender con su tío los rudimentos de la lectura
y la escritura, utilizando la tierra, las paredes y las hojas de palmicha para sus
deletreos. También por esta época, Lame fue escogido como "paje" por
el patrón de La Polindara. A cambio, su trabajo fue descontado del terraje que
debía pagar su padre, quien, con el tiempo libre que le quedó, pudo sembrar un
papal y con sus frutos comprar varias ovejas y una vaca parida. Unos años después,
en 1894, los terrenos de El Borbollón fueron vendidos al dueño de la hacienda
de San Isidro, en una transacción que incluyó a los terrazgueros. El nuevo
patrón redujo el tiempo de trabajo de Mariano Lame de cuatro a dos días
semanales, y lo autorizó para que cultivara trigo en una huerta que lindaba con
su encierro. La producción de la huerta, que pudo atender gracias a la rebaja
de su terraje, le permitió obtener los recursos necesarios para cumplir su
vieja aspiración de comprar Pichinguará, un lote de 80 fanegadas, a dos leguas
del Borbollón. Aquí, al igual que cuando Manuel Quintín trabajó como paje,
quedaba en claro cuánto representaba para el indio, en términos de bienestar y
de capacidad de acumulación económica, el tiempo que debía trabajar para el
hacendado, a cambio de tener acceso a un pequeño "encierro". A partir
de esa época mejoraron significativamente las condiciones económicas de Mariano
Lame, quien ahora distribuía su tiempo y el de sus hijos entre el terraje, el
cultivo de Pichinguará y el negocio de compraventa de vacunos y caballares que
allí había establecido. Manuel Quintín, entre tanto, se hizo cada vez más
fuerte y con el tiempo adquirió fama de licencioso, debido a su afición por las
mujeres. Su fama terminó beneficiando a los curas, ya que en 1899 Mariano Lame
terminó costeando las fiestas religiosas que se hicieron cuando las misiones
visitaron el sur del país. Con ello el padre trató de atenuar las continuas
recriminaciones de los religiosos por el comportamiento díscolo de su hijo.
Este problema se vio bruscamente interrumpido cuando en noviembre de 1899
Manuel Quintín y dos de sus hermanos fueron atacados por un grupo de liberales
que buscaban atemorizar a la familia Lame, conocida por su apoyo al gobierno.
Manuel Quintín y Gregorio Nacianceno lograron huir, pero a Feliciano, el otro
hermano, lo mutilaron a machetazos y murió poco después.
Posiblemente esta experiencia lo predispuso a
ingresar a las filas del ejército gubernamental, en enero de 1901, cuando los
indios solteros que asistían a una fiesta de inauguración de la capilla de San
Isidro, fueron rodeados por una patrulla que buscaba enrolar soldados. Por esa
época Lame ya sostenía relaciones estables con Benilda León, con quien se
casaría poco después, haciendo uso de una licencia. Durante su estadía en el
ejército, viajó a Panamá como ordenanza del general Carlos Albán, de quien recibió
lecciones de lectura, escritura y nociones de historia. Su estadía en Panamá
fue relativamente corta, ya que a mediados del año tuvo que ser trasladado
nuevamente a Popayán, debido a problemas de salud. La vinculación de Manuel
Quintín Lame al ejército se prolongó hasta 1903, cuando concluyó la guerra de
los Mil Días. Pidió entonces al dueño del Borbollón le diera un
"encierro" al lado del de su padre, en el que se instaló con Benilda
y con su pequeña hija Lucinda. A cambio debía trabajar dos días semanales en la
hacienda. Durante los años siguientes, Lame se dedicó a las faenas agrícolas,
que fueron relativamente prósperas, hasta la muerte de su esposa a finales de
1906. Después de ese golpe empezó a sentirse insatisfecho y a desear adquirir
las tierras en las que vivía, desentendiéndose así del pago del terraje.
Propuso entonces la compra de las tierras al dueño de la hacienda, quien
rechazó de plano la oferta. A partir de entonces, su insatisfacción se empezó a
manifestar en forma encubierta. Se volvió descuidado en su trabajo, bebedor y
mujeriego. Sin embargo, alrededor de 1911, se casó con Pioquinta León. Su
segundo matrimonio coincidió con la desmembración del Cauca Grande, que forzó a
los empresarios payaneses a buscar nuevos ingresos en la ganadería, utilizando
las tierras de la cordillera Central. La reorientación de la economía tuvo como
resultado la valorización de las tierras y llevó a los hacendados a imponer
restricciones a sus terrazgueros, consistentes en la reducción de sus
"encierros", la prohibición para sembrar rozas en montes apartados de
éstos y la obligación de colocar cercas. Tales medidas que significaron una
importante reducción de los ingresos de los indígenas, indujeron a Lame a
consultar a un abogado en Popayán, quien le confirmó que los títulos de
propiedad del dueño de la hacienda eran válidos y que no cabía ninguna acción
legal contra él. A pesar del concepto del abogado, Lame decidió estudiar el
asunto por su cuenta y adquirió el Código Civil, así como un libro titulado El
abogado en casa, textos ambos cuyo estudio y uso posterior le permitieron
asumir directamente la defensa de los derechos de los indígenas.
También buscó que el patrón le redujera el tiempo
de terraje para reunir ciertos ahorros y adquirir tierra propia; sin embargo,
su solicitud fue rechazada tajantemente. Empezaron entonces a germinar sus
ideas sobre el derecho del indio a la posesión de la tierra de sus ancestros.
Al exponerlas ante su padre, éste le asignó una porción de tierra en
Pichinguará, que había cambiado de nombre para llamarse San Alfonso. La oferta
no fue suficiente. Manuel Quintín empezó a divulgar sus ideas de casa en casa,
primero entre el círculo de parientes y amigos y luego a los terrazgueros de
las haciendas circunvecinas. En un principio fue escuchado con recelo, pero
poco a poco sus actividades en defensa de los indios le fueron ganando
ascendiente entre ellos. Lame se había dedicado a enfrentar las injusticias de
mayordomos y vaqueros, presentando sus denuncias ante los alcaldes e inspectores,
basándose en los conocimientos adquiridos en los libros de leyes. Para el
desarrollo de tales actividades obtuvo la colaboración de Jacinto Calambás, de
la parcialidad de Coconuco, quien actuó como su secretario. Luego el cabildo de
la parcialidad de San Isidro lo nombró jefe, representante y defensor general,
hecho que muestra el respaldo que obtenía entre su gente. Por esa época dejó de
descontar terraje, a pesar de las advertencias del mayordomo. Se presentó
entonces ante el patrón, a quien le habló de las leyes que impedían el desalojo
del "encierro", donde estaban los cultivos que él había plantado, y
le explicó sus ideas sobre el derecho ancestral del indio a la tierra. Para
contrarrestar la influencia que iba tomando Lame, los hacendados emprendieron
campañas para desprestigiarlo. Entre tanto, él continuó sus labores de
adoctrinamiento, en contra de la obligación del indio al pago de terraje.
Nuevos indios se fueron sumando a su equipo de secretarios, y entre 1915 y 1917
se incorporaron indios de otras comarcas, como Tierradentro y Silvia, en el
Cauca. Los indios comenzaron a negarse a pagar terraje y algunos fueron
detenidos. De otra parte, los mayordomos empezaron a ser amenazados e incluso
golpeados. El temor de los hacendados aumentó a raíz de la toma pacífica de la
población de Paniquitá, en 1914. Allí los indios entraron en medio de chirimías
y cohetones, y se agolparon a escuchar el discurso de Manuel Quintín Lame,
quien les señaló que las palabras del Himno Nacional eran una mentira, al igual
que la independencia, porque a los indios no les habían devuelto sus tierras.
Luego, a la orden del líder, los indios se marcharon de la población antes de
que llegara la policía. Se adelantaron entonces gestiones para enfrentar a los
indios entre sí, lo que creó un bando "antiquintinista", y tuvieron
lugar enfrentamientos entre los indios. Ese año Lame se trasladó a
Tierradentro, atendiendo una llamada de los indígenas paeces, quienes luchaban
contra la invasión de las tierras de sus resguardos por parte de extraños
radicados en Inzá. Decidió entonces ir a Bogotá a exponer la posición de los
indios y, de paso, visitó varias comunidades indígenas del Tolima, que también
tenían problemas de tierras. En agosto de 1914 ya estaba en la capital, donde
se entrevistó con Marco Fidel Suárez, en ese momento ministro de Relaciones
Exteriores, y con el ministro de Guerra. Por iniciativa del primero de ellos se
le facilitó el acceso al Archivo Nacional; allí estudió las cédulas reales de
los resguardos, a las cuales se remitiría en futuros escritos. También presentó
ante el Congreso las denuncias formuladas por las comunidades paeces de
Tierradentro. A su regreso de la capital, a fines de 1914, se reunió con los
cabildos de las comunidades indígenas de Tolima, Huila, Tierradentro, Cauca y
Valle, con la idea de llevar a cabo un levantamiento general, que se planeó
para el 14 de febrero de 1915. La idea de este levantamiento era la de formar
una "República Chiquita" de indios, que operara al margen dé la de
los blancos. Los indios debían alzarse y apoderarse de las fincas para
distribuir las tierras equitativamente. Conocido el plan por las autoridades,
Lame fue capturado el 22 de enero de 1915, en el pueblo de Coetando, en
Belalcázar, y trasladado a Popayán, ciudad en la cual estuvo preso durante
nueve meses. Después de su reclusión aparentó entregarse a las faenas
agrícolas, pero mantuvo sus actividades políticas. De esta forma logró
desorientar a las autoridades que lo vigilaban y neutralizar los continuos
rumores sobre la continuación de sus actividades proselitistas. Llegó a ser
detenido en algunas poblaciones del Cauca, a las que se desplazó por distintos
motivos, pero estas detenciones dieron pie para que Lame se quejara de las
persecuciones de que era objeto, las cuales, a su vez, no eran infundadas. Los
hacendados presionaban a las autoridades para que detuvieran al indio, a pesar
de que no existían cargos que permitieran hacerlo en el marco de la ley. Sin
embargo, el asalto del estanco de Silvia (Cauca) perpetrado por los indios, y
las declaraciones de dos de los participantes sobre un proyecto para atacar
pueblos y haciendas de la cordillera, dio base para que se ordenara su
detención. Pero cuando la orden de captura se fue a hacer efectiva, Lame
desapareció. Se dedicó entonces a recorrer los pueblos, veredas y resguardos de
la cordillera y a organizar su "gobierno chiquito" entre los
indígenas del Cauca, Valle, Huila, Tolima y aun Nariño. Para entonces sus
demandas no se limitaban a la supresión del pago del terraje, sino que buscaban
que los indios tuvieran representación en el Congreso Nacional, para que
pudieran expedir leyes que les fueran favorables. En junio de 1916 1as
actividades políticas de Manuel Quintín Lame se suspendieron a raíz de su
detención en San Isidro. De allí fue remitido a Popayán, a pesar de los
esfuerzos de los indios de la región por liberarlo. En esta oportunidad su
encarcelamiento dio lugar al desarrollo de debates periodísticos en Popayán, en
los cuales la oposición al gobierno del presidente José Vicente Concha
(1914-1918) se burlaba del Ejecutivo por considerar a Lame como un peligro para
su estabilidad. Al mismo tiempo, en la región crecía el temor por las posibles
reacciones de los indios. La libertad incondicional de Manuel Quintín Lame,
ordenada por el juez en septiembre de ese año, no hizo sino encender el debate,
debido al temor que inspiraba Lame en ciertos sectores. Una vez libre, Lame
lanzó su consigna sobre la reconquista de Tierradentro y emplazó al alcalde de
Belalcázar para que desocupara la población, lo cual dio lugar a un
enfrentamiento entre los dos dirigentes, en el cual Lame resultó herido. A
pesar de esta derrota, en noviembre de 1916 dirigió a los indígenas que se
encaminaron a Inzá, donde fueron repelidos por las autoridades y por los
indígenas que se le oponían, encabezados por Pío Collo. El enfrentamiento, en
el que las fuerzas de Lame fueron repelidas, dejó un saldo de seis muertos,
catorce heridos y varios indígenas paeces detenidos. Lame continuó entonces sus
operaciones dentro de la clandestinidad. Después de encabezar algunos asaltos a
fincas para abastecer a sus seguidores, se dirigió a Puerto Asís, de donde
regresó a raíz de la muerte de su esposa Pioquinta. Después, en abril de 1917,
encabezó un asalto a la hacienda San Isidro, que, al parecer, tuvo por objeto
concentrar la atención de las autoridades en ese lugar, y huir hacia Cajibío.
Para esa época, próxima a las elecciones, los liberales buscaron el apoyo de
Lame, cuyos seguidores, sólo en el Cauca, ascendían a 50 000 indios. Lame optó
por apoyarlos, sin embargo, uno de los miembros de la comisión liberal
encargada de dialogar con el dirigente, lo entregó a las autoridades a cambio
de 400 pesos. Se organizó entonces una emboscada, que logró sus objetivos a principios
de mayo de 1917. Lame no sólo fue detenido, sino golpeado brutalmente y
conducido de nuevo a Popayán. Esta vez la detención del dirigente fue larga y
penosa. Tuvo que esperar cuatro años para que se llevara a cabo la audiencia
pública para juzgarlo y, en la prisión, se le dio un trato que minó su salud,
tal como lo denunció el propio Lame en carta dirigida al fiscal del juzgado, el
3 de octubre de 1918. En el juicio, que se realizó en abril de 1921, Lame
asumió su defensa. Habló durante quince días consecutivos y, finalmente, el
jurado de conciencia lo declaró culpable por los delitos de hurto, asonada,
fuerza y violencia, y fue condenado a cumplir cuatro años y unos meses de
prisión. Al computársele el tiempo corrido desde su detención, fue dejado en
libertad el 23 de agosto de 1921. Entretanto, el encarcelamiento del líder
había obligado a los indios a replegarse, al tiempo que se adoptaban medidas
que iban contra su unidad. En 1920 se extinguieron varios resguardos del
Tolima, que fueron parcelados y absorbidos por hacendados y dirigentes indios
deseosos de ampliar sus terrenos. Varias comunidades indígenas formaron el
Supremo Consejo de Indios, bajo la dirección de José Gonzalo Sánchez y Eutiquio
Timoté, para defender los derechos y propiedades de los indígenas. Al salir
Manuel Quintín Lame de prisión, fue llamado al Tolima para unirse al
movimiento. Luego de pasar por Ortega, decidió volver a Bogotá a presentar sus
quejas ante los "altos poderes". A principios de 1922 estaba en la
capital, explicando los daños que sufrían los indígenas como consecuencia de la
parcelación de los resguardos. Posteriormente, sin obtener ningún resultado
concreto, regresó al Tolima y luego se dirigió al Huila, departamento en el que
también había fuertes presiones para parcelar los resguardos indígenas. En
marzo de 1922, en San Roque de Caguán, en el Huila, las autoridades atacaron a
los indígenas cuando celebraban una minga o reunión a la que asistiría Lame. En
el choque resultaron muertos tres indígenas y otros más heridos, y Lame tuvo
que huir nuevamente. Mientras tanto, el dirigente se defendía mediante
memoriales enviados a las autoridades para demostrar que no era responsable de
la masacre. Paralelamente trataba de dar solución a los problemas que vivían
los indígenas de Ortega y Chaparral, cuyos resguardos habían sido parcelados.
En un incidente que se produjo durante una minga que se hizo para levantar las
primeras viviendas en Llano Grande y fundar el pueblo de San José de Indias,
tuvo un intercambio de insultos con un vecino y terminó en la cárcel del Guamo.
Esta vez su prisión fue corta y salió libre a fines de julio de 1922. En julio
de 1924 se encontraba nuevamente en Bogotá, presentando sus quejas ante el
gobierno. Luego retornó al recién fundado pueblo de San José de Indias, para
dirigir su organización. Durante esta época alternó las gestiones judiciales en
defensa de los indígenas, con la redacción de su libro El pensamiento del indio
que se educó en las selvas colombianas, publicado bajo el título En defensa de
mi raza (1971), que recoge su pensamiento y experiencias. Poco después se
produjo su rompimiento con José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timoté, a raíz de la
decisión de éstos de vincularse al partido comunista, en 1930. Lame,
profundamente católico, nunca simpatizó con los postulados "ateos" de
los comunistas. En 1931 fue nuevamente encarcelado, cuando la violencia
política llegó hasta San José de Indias. En esa oportunidad fueron masacrados
17 indios del lugar, mientras otros 37 quedaron heridos. Manuel Quintín Lame
fue conducido a la cárcel de Ortega, donde fue sometido a torturas y malos
tratos durante los dos años de su permanencia en prisión. Al salir pudo
apreciar de cerca los estragos de la violencia y el estado de postración en que
había sumido a las comunidades indias. Siguió entonces su labor de defensa de
los derechos indígenas por la vía legal, hasta que en 1938 pareció coronar el
éxito, al decretar el gobierno la restitución de los resguardos de Ortega y
Chaparral. Sin embargo, se trató de una ilusión pasajera. En 1939 las
autoridades municipales, incitadas por los hacendados, se negaron a reconocer
la reintegración de los resguardos y, además, gravaron las propiedades
indígenas con el impuesto catastral. Una vez más Manuel Quintín Lame presentó
sus quejas ante las autoridades municipales y departamentales, sin obtener
ningún resultado. Luego se dirigió a Bogotá, donde llegó a fines de 1942. Poco
logró el dirigente en la capital, más allá de una conferencia que organizó el
Instituto Etnológico Nacional para que expusiera sus planteamientos. Regresó a
Ortega y desde allí continuó dirigiendo sus memoriales a las distintas
autoridades, hasta poco antes de su muerte. Aunque la lucha por el respeto de
los derechos indígenas en que se comprometió este líder no ha concluido, su
proyecto sobre la representación de los pueblos indios en el Congreso es ya un
hecho y cada día encuentran mayor aceptación los esfuerzos de los indígenas por
conservar y mantener su identidad cultural. MARTA HERRERA ÁNGEL Movimiento
Lamista Hijo de terrazgueros, y terrazguero él mismo, Manuel Quintín Lame
inició una campaña que buscaba eliminar la terrazguería; sin embargo, ésta no
desapareció sino hasta finales de la década de los años setenta, bajo la
presión del Comité Regional Indígena del Cauca (CRIC). Lame comenzó por
investigar los títulos coloniales de las tierras de indios, concentrando su
interés en los problemas de los resguardos, donde encontró gran acogida.
Nombrado por los indígenas del Cauca, Defensor General de los indios, demandó
ante el gobierno y la sociedad colombiana la expedición de una ley que ordenase
la devolución de las tierras perdidas. Su influjo se extendió entre los
resguardos más remotos del Valle del Cauca, Nariño, Putumayo, Huila y Tolima; y
su figura comenzó a aparecer rodeada de un halo de leyendas. Desde las primeras
décadas del presente siglo, el Movimiento Lamista se enfrentó a la aparición
sucesiva de leyes que ordenaban la disolución de los resguardos de indios. De
allí que el reconocimiento y aplicación de la ley 89 de 1890, que protegía los
intereses de los indígenas, se convirtiera en bandera esgrimida por Lame a lo
largo de su vida. Buscó la reivindicación de otros derechos que sólo fue
posible ver consagrados en la Constitución de 1991, a saber: posesión de sus
territorios, conservación de la cultura, educación, participación en las
Cámaras Legislativas y derecho a ejercer su propio gobierno. Sus
planteamientos, de hondo carácter indigenista, lo llevaron a proponer la
creación de una República Chiquita de Indios, que pudiera enfrentar a la
República Grande de Blancos. Del mismo modo, rechazó la ayuda proveniente de
los blancos y de distintas organizaciones que intentaron acercarse a su
movimiento; nunca aceptó el ofrecimiento de abogados que quisieron
representarlo en los incontables juicios en los que prefirió asumir su defensa.
En la búsqueda de soluciones a los problemas de los indios, Lame extendió su
acción política desde la presentación de respetuosos memoriales y demandas ante
las autoridades competentes, hasta visitas a altos funcionarios del gobierno
central e informes al Congreso de la República, en los que expuso la crítica
situación de los habitantes de los resguardos. Bajo su orientación, surgieron
tomas de poblaciones "blancas" o asentamientos urbanos formados sobre
antiguos territorios de resguardos, como Inzá y Belalcázar en el Cauca. Su
movimiento, dentro del cual sobresalió el indígena Rosalino Yajimbo,
protagonizó repetidos intentos de levantamientos armados manteniendo la región
caucana en estado de alerta. Su vocación autodidacta y el continuo ejercicio
legal, convirtieron a Manuel Quintín Lame en gran conocedor de códigos y leyes
que le permitieron adelantar numerosos litigios. Cerca de la población de
Ortega, en San José de Indias, fundó dos escuelas y un pequeño centro
administrativo donde atendía los reclamos de los indígenas. Así, el Movimiento
Lamista se fue fortaleciendo en el sur tolimense, y vio surgir dentro de sus
filas a otros líderes como José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timoté. Todos ellos
se vieron envueltos en hechos que anunciaban la aparición posterior de una
época de violencia que sacudió al país y que tuvo fuerte expresión en esa
región del Tolima. Luego de afrontar reiterados episodios de violencia, como el
asalto y destrucción de San José de Indias, períodos de cárcel, y el
debilitamiento de su movimiento, Manuel Quintín Lame se vio obligado a
establecerse en la población de Ortega, donde prosiguió su labor en defensa de
los resguardos y de los indígenas que permanecieron fieles a sus orientaciones.
Ni la violencia, ni la pobreza, ni la cárcel, ni el soborno o la enfermedad,
lograron doblegar al infatigable Lame, quien logró ver reconocida la ley 89 de
1890 como rectora de la vida de las comunidades indígenas, y el
restablecimiento, aunque sólo nominal, de la Gran Comunidad de
Ortega-Chaparral, dos de los principales objetivos de su vida. El difícil curso
de su existencia, entregada al servicio de los suyos, su pensamiento y en
general su acción política han convertido a Manuel Quintín Lame en el líder
indígena más importante del siglo xx en Colombia.